
Salgo a buscarte. Por el camino voy pensando que palabras utilizaras para decirme que todo esto habrá acabado. Me juro no mirarte a los ojos, aunque se que no lograre cumplirlo. Te veo. Y me tiembla el pulso, bueno en realidad me tiembla todo el cuerpo. Y ahí estás tú, apoyado en la pared, esperándome. Me acerco y noto tu tristeza, tu mirada está ausente, y no sabes donde mirar. Estás incomodo, después de tanto tiempo… estás incomodo a mi lado. Y me entristezco, jamás pensé que pudiéramos llegar a esto. Siento como me miras. Y tiemblo esta vez de angustia, de miedo. Comenzamos a pasear, sin ningún rumbo previsto, pero sin darnos cuenta acabamos en aquel lugar, en ese lugar donde te besé por primera vez. Me siento en el primer escalón. Y bajo la mirada. Empiezas a hablar. Tu voz suena dulce y me quita un poco de ese dolor. No soy capaz de levantar la vista del suelo. No quiero que me veas llorar otra vez, no quiero que confíes en que siempre seré tuya (aunque siempre lo sea) no quiero…
El silencio se apodera de los dos. Y al fin levanto la vista, le grito a mi corazón y a mi alma que sean valientes, pero ellos me avisan de que no tienen fuerzas para superar semejante prueba. Aún así sigo levantado la vista y te miro a los ojos. Esos ojos que me enamoraron desde el primer día, y que hoy siguen manteniendo viva mi esperanza. Los veo tristes, pero nada más, nada de amor, deseo, locura, nada. Entonces me dices que lo nuestro es una luna perdida. Tus palabras me apuñalan el alma y caigo al suelo. No tengo más fuerzas para seguir adelante. Cierro los ojos, aunque eso no retenga mis lágrimas. Y noto como esa mariposa negra ya no solo se encuentra en mi alma, si no que se está apoderando de todo mi cuerpo. Dolor, angustia, suplicas, esperanza…………… nada.
Te acercas un poco a mi, secas mis lagrimas de cristal y me acaricias la mejilla mientras me susurras al oído que en realidad aun me amabas. Pero ya es demasiado tarde. Ya salí en busca de nuestra luna perdida. Una luna que no volverá jamás.
El silencio se apodera de los dos. Y al fin levanto la vista, le grito a mi corazón y a mi alma que sean valientes, pero ellos me avisan de que no tienen fuerzas para superar semejante prueba. Aún así sigo levantado la vista y te miro a los ojos. Esos ojos que me enamoraron desde el primer día, y que hoy siguen manteniendo viva mi esperanza. Los veo tristes, pero nada más, nada de amor, deseo, locura, nada. Entonces me dices que lo nuestro es una luna perdida. Tus palabras me apuñalan el alma y caigo al suelo. No tengo más fuerzas para seguir adelante. Cierro los ojos, aunque eso no retenga mis lágrimas. Y noto como esa mariposa negra ya no solo se encuentra en mi alma, si no que se está apoderando de todo mi cuerpo. Dolor, angustia, suplicas, esperanza…………… nada.
Te acercas un poco a mi, secas mis lagrimas de cristal y me acaricias la mejilla mientras me susurras al oído que en realidad aun me amabas. Pero ya es demasiado tarde. Ya salí en busca de nuestra luna perdida. Una luna que no volverá jamás.
lele



2 comentarios:
Una luna perdida...
que bien te ha quedado :P
me gusta! como todos tus textos...
^^
actualiza tú
tururú!
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